Al volver la esquina
Carmen Laforet, la excelente escritora apreciada por todos, escribió este libro años antes de su publicación, y fue editado finalmente por sus herederos. Siempre la conoceremos y recordaremos por “Nada” el premio Nadal de 1944 en los más duros años de la dictadura.
Hubo disparidad de opiniones respecto al libro. Poca o mucha profundidad en los personajes. Pinceladas breves o no. Pero hay unanimidad en que estaba muy bien escrito, tal vez sin depurar por la autora, y con tintes caóticos, flecos y bandazos en ocasiones.
AL VOLVER LA ESQUINA
Martín, un pintor en ciernes, que ha recibido una herencia inesperada de sus abuelos, y sus relaciones especialmente con dos mujeres, Zoila y Anita, y una niña Soli, desamparada y desvalida, malquerida por su padre, y que se deshace de ella siempre que puede.
Martín lleva consigo a la niña recorriendo Toledo, con las piedras de la ciudad chorreando, y deshace el ánimo el relato de una niñita bajo una lluvia impenitente, con las ropas empapadas, buscando un lugar de cobijo. En uno de los lugares a los que llegan, les es negado el asilo por gentes rezaderas que estaban velando y dando culto a un muerto. Conoce a Zoila y reconoce después de años, a Anita.
Describe muy someramente el ambiente, por un lado, de pobreza y penalidades, y por otro de la vida acomodada de la familia de Anita y su padre, cónsul honorario de un país africano. A ese núcleo familiar se agrega Martín. Un relato en el que no incide en la pobreza o en la riqueza, ni en la factura que la guerra pasó para la mayoría. Como de pasada y de tapadillo, el estraperlo, la prostitución, las restricciones de agua y de luz, los fusilamientos, la depuración política. Miedo y religión entreverados con el hambre.
Los personajes, que también son narradores, parecen poco apasionados, tienden a superficiales, o a fabuladores como Zoila y el doctor Tarro. Martín, indeciso, navega entre dos amores sin preparar su futuro.
