Stefan Sweig
Carta
de una desconocida
Un
novelista famoso, en su cómoda casa, recibe la carta de una mujer que se supone
ha muerto. El relato respira romanticismo, literatura añeja y aceptación de lo
inevitable. Retrata el amor de una adolescente por un hombre joven que no
aspira a nada, que hace vida de picaflor, y la ignora. La niña se enamora de un
sueño sin esperanza que consigue siendo muy joven, y llega a explorar el amor
durante tres noches, en las que queda embarazada. En la carta, le confiesa que
el hijo de ambos, desconocido para el padre, ha muerto. Emociona y enternece el
relato del amor infinito de la mujer por un hombre idealizado, irreal, para
ella transfigurado en el hijo de ambos. El relato, con el niño amado y muerto,
estremece. La mujer, está inmersa en un amor patológico, idealizado y con
dependencia emocional, a pesar de ser una mujer moderna sensible y culta.
24 horas en la vida de una mujer
Un
grupo de pequeños burgueses alojados en una pensión aledaña al Grand Palace
Hotel sentados a la misma mesa, comparten conversaciones intrascendentes. La
rutina se rompe con la llegada de un joven francés muy atractivo, de elegancia
natural, que derrocha simpatía y amabilidad. Se relaciona y es admirado por
todos los residentes, y especialmente por madame Henriette y sus dos hijas adolescentes,
junto con su obeso y acaudalado marido, comerciante de Lyon. La bonanza se
rompe cuando Henriette se fuga con el joven francés, dejando a su familia. De
nuevo, los residentes en la mesa compartida, debaten sobre el suceso
acaloradamente, siendo el narrador únicamente quien comprende el comportamiento
de Henriette, que es objeto de la intolerancia de los demás. Una integrante del
grupo, la anciana dama inglesa de refinados modales, la señora C, solicita una
entrevista con el narrador. En la entrevista, la señora C le refiere que en su
religión anglicana no existe la confesión, y hay un suceso que le atormenta
desde hace 20 años, y que sólo duró 24 horas por lo que le ha elegido para
sincerarse. En Montecarlo, donde define con precisión cirujana la actitud de
los jugadores, conoce a un joven apuesto y jugador empedernido, quien es
salvado por la dama, entonces viuda y cuarentona, de un intento de suicidio. En
esas 24 horas, comparten habitación, y la dama, enamorada, está dispuesta a
dejarlo todo, e irse con el joven a su país. El joven, presa de su ludopatía,
al día siguiente, deja olvidadas las promesas de arrepentimiento y sigue
jugando, dejándola plantada. Después de referir el suceso, la dama recuperó su
compostura.
El
autor, que fue del agrado general, hace un análisis del personaje de la señora
C, sus relaciones y el desengaño amoroso, la culpabilidad, el sentimiento
psicológico, el alma de las personas, y ahonda en la fragilidad de los
sentimientos.
