08 julio 2026

 Stefan Sweig


    

Carta de una desconocida

Un novelista famoso, en su cómoda casa, recibe la carta de una mujer que se supone ha muerto. El relato respira romanticismo, literatura añeja y aceptación de lo inevitable. Retrata el amor de una adolescente por un hombre joven que no aspira a nada, que hace vida de picaflor, y la ignora. La niña se enamora de un sueño sin esperanza que consigue siendo muy joven, y llega a explorar el amor durante tres noches, en las que queda embarazada. En la carta, le confiesa que el hijo de ambos, desconocido para el padre, ha muerto. Emociona y enternece el relato del amor infinito de la mujer por un hombre idealizado, irreal, para ella transfigurado en el hijo de ambos. El relato, con el niño amado y muerto, estremece. La mujer, está inmersa en un amor patológico, idealizado y con dependencia emocional, a pesar de ser una mujer moderna sensible y culta.

24 horas en la vida de una mujer

Un grupo de pequeños burgueses alojados en una pensión aledaña al Grand Palace Hotel sentados a la misma mesa, comparten conversaciones intrascendentes. La rutina se rompe con la llegada de un joven francés muy atractivo, de elegancia natural, que derrocha simpatía y amabilidad. Se relaciona y es admirado por todos los residentes, y especialmente por madame Henriette y sus dos hijas adolescentes, junto con su obeso y acaudalado marido, comerciante de Lyon. La bonanza se rompe cuando Henriette se fuga con el joven francés, dejando a su familia. De nuevo, los residentes en la mesa compartida, debaten sobre el suceso acaloradamente, siendo el narrador únicamente quien comprende el comportamiento de Henriette, que es objeto de la intolerancia de los demás. Una integrante del grupo, la anciana dama inglesa de refinados modales, la señora C, solicita una entrevista con el narrador. En la entrevista, la señora C le refiere que en su religión anglicana no existe la confesión, y hay un suceso que le atormenta desde hace 20 años, y que sólo duró 24 horas por lo que le ha elegido para sincerarse. En Montecarlo, donde define con precisión cirujana la actitud de los jugadores, conoce a un joven apuesto y jugador empedernido, quien es salvado por la dama, entonces viuda y cuarentona, de un intento de suicidio. En esas 24 horas, comparten habitación, y la dama, enamorada, está dispuesta a dejarlo todo, e irse con el joven a su país. El joven, presa de su ludopatía, al día siguiente, deja olvidadas las promesas de arrepentimiento y sigue jugando, dejándola plantada. Después de referir el suceso, la dama recuperó su compostura.

El autor, que fue del agrado general, hace un análisis del personaje de la señora C, sus relaciones y el desengaño amoroso, la culpabilidad, el sentimiento psicológico, el alma de las personas, y ahonda en la fragilidad de los sentimientos.

                                                    Acta de la tertulia literaria de la Peña del día 3 de julio de 2026