El ruido y la furia
A la tertulia asistimos doce personas, todas coincidimos en la dificultad de seguir la trama de la novela, pero al menos tres personas consiguieron leerla entera y expusieron sus conclusiones, por lo que se abrió un debate muy animado y enriquecedor.
He aquí alguna de las interpretaciones:
Willianm Faulkner es un escritor cuyo estilo puede enmarcarse en el llamado gótico Sureño, un subgénero literario estadounidense de finales del S. XIX – principios del S. XX que muestra la situación de los Estados del Sur tras la Guerra de Secesión. Otros escritores que han cultivado este género son Margaret Mitchell, Tennessee Williams, Truman Capote, Toni Morrison, Harper Lee (Matar a un ruiseñor) y Eudora Welty entre otros.
Todos ellos recrean los ambientes de pequeñas comunidades rurales, ciudades en decadencia, después de la pérdida de la guerra de Secesión y tocan los temas de la racialidad, la pobreza, discapacidad, esclavitud, rebeldía de las mujeres, las desigualdades, los prejuicios, la decadencia aristocrática…
En la novela El ruido y la furia, todos estos aspectos se perciben a través de los distintos personajes, como si el autor hubiera planeado, intencionadamente, hacer de ellos auténticos arquetipos: la discapacidad en Benjy, la crueldad en Jason, los prejuicios en Quentin, la pobreza y discriminación hacia las personas negras, en Disley y Luster; la rebeldía de Cady y de su hija Quentin, la decadencia aristocrática de Caroline … Y como recursos estilísticos utiliza lo grotesco, el caos narrativo como reflejo del caos social, el colapso moral de la familia…
En la historia hay 4 narradores y 4 perspectivas que no van en orden cronológico:
1ª parte: 07/04/1928. Benjy (personaje con discapacidad intelectual): todo lo vive en presente; importancia a las emociones y sensaciones; continuas referencias al río, al fuego y a Caddy .
.2ª parte: 02/06/1910. Quentin: es el hermano mayor, está obsesionado con la pureza, el honor y la relación con su hermana.
3ª parte: 06/04/1928 (un día antes de la narración de Benjy). Jason: es un hombre cruel, con mucho resentimiento. Es el reflejo de la avaricia sin importarle las consecuencias que puede tener sobre su familia.
4ª parte: 08/04/1928 (un día después de la narración de Benjy. Es el presente narrativo). Narrador omnisciente: este narrador pone a Dilsey, la asistenta, como protagonista. Es el único personaje que parece no estar en crisis. Aporta claridad a las implicaciones subjetivas de los personajes y narradores anteriores.
Sobre el autor: 3 claves en su estilo que revolucionó la narrativa del momento:
· Monólogo interior: flujo de pensamientos de los personajes.
· Perspectivas múltiples: una historia con distintos narradores.
· Estructura no lineal.
Y esta otra:
Faulkner utiliza el título tomado de Macbeth: "la vida es un cuento contado por un idiota lleno de ruido y furia y que nada significa", para expresar la idea central de la novela: la vida de la familia Compson es un caos de emociones, recuerdos y conflictos —“ruido y furia”— y reflejar la pérdida de sentido de una sociedad entera. El autor se refiere al ruido como todo lo que perturba la vida de los personajes: los resentimientos, las obsesiones psicológicas y los conflictos familiares. La furia, es la decadencia económica, moral y social de la familia Compson.
Es una novela exigente, compleja,
que en algunas ocasiones incluso roza lo incomprensible, pero destila una
fuerza inusual, una ferocidad que hace referencia al instinto humano, a ese
rastro de inquina y maldad que pesa sobre nosotros como una maldición atávica a
la que es imposible sustraerse. Faulkner busca de manera deliberada la
confusión del lector, que solo se va diluyendo si éste es capaz de continuar,
de sortear las barreras que se va encontrando y que, poco a poco, van
componiendo una imagen más nítida, un relato más inteligible, porque la novela
está construida como un proceso de clarificación progresiva: El vaivén
temporal, la escasa descripción de contexto o de los personajes hace que se
haga difícil centrarse en el argumento. El autor lanza un reto y confía en sus
lectores, en la paciencia que han de tener, en su imaginación, porque los dos
primeros capítulos son del lector quien tendrá que poner a prueba su capacidad
para armar historias, atento a cada renglón, con sospechas y búsquedas
constantes en medio del laberinto de palabras que nos proponen los personajes.
El desarrollo de la novela nos
presenta a sus pobres pero rudos personajes precipitándose a la tragedia. Las
acciones que los distintos personajes van llevando a cabo, sus decisiones, sus
pensamientos, todo parece ir dirigido hacia un final trágico, hacia una
encrucijada última que les pondrá contra las cuerdas y les hará ver la imposibilidad
de la redención. Pero la historia en sí no es lo esencial. Lo que convierte a
esta novela en algo extraordinario es el modo en el que la historia es
presentada, empleando diversas técnicas estilísticas totalmente innovadoras en
su época como es la fragmentación del tiempo narrativo, los múltiples puntos de
vista, el uso del monólogo interior y el simbolismo histórico del Sur
estadounidense. La historia termina casi donde empezó: el tiempo no avanza
realmente, solo gira sobre sí mismo en una estructura de final circular nunca
vista hasta ese momento.
Faulkner realiza un ejercicio muy
arriesgado con cuatro tipos de narrador distintos. Para los tres primeros
utiliza un punto de vista en primera persona que cuenta los hechos a través de
un monólogo interior, en el que el personaje vuelca todos sus pensamientos y
sensaciones. No hay linealidad ni cronología, es todo un vaivén que refleja la
evolución del pensamiento, sin orden, de forma caótica y casi sin signos de
puntuación lo que oscurece y dificulta la comprensión de la historia. Faulkner
se vale de ese artificio –el de pretender transcribir el pensamiento tal y como
se manifiesta– creando “el libre fluir de la conciencia”, un recurso
revolucionario desde el punto de vista literario de la época y que marcó
tendencia.
Todos estos aspectos es lo que ha
llevado a la crítica a considerar El
ruido y la furia entre los cien mejores libros de todos los tiempos y tuvo
un peso decisivo en la concesión a su autor del premio Nobel de Literatura en
1949.
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